La policía hace que manejar sea una tortura

 

Su falta de lógica y preparación complica la vida de muchos ciudadanos cada día.

Su falta de lógica y preparación complica la vida de muchos ciudadanos cada día.

 

Están convencidos que con su trabajo le hacen un bien a la humanidad, que sin su ayuda se desataría una fiebre de choques con saldos mortales, que el tráfico sería un caos bestial donde la furia de seres irracionales haría que todo se resolviera a balazos.

Son los policías de tránsito, una especie entrenada para seguir una serie de instrucciones, como robots, aunque el mundo a su alrededor se vaya al carajo.

De lo que yo conozco puedo dar fe que gracias a los policías de tránsito el hecho simple de salir de San Pedro Sula, hacia el norte, se convierte en un verdadero infierno a partir de las cinco de la tarde. Lo mismo pasa a la inversa, cuando uno intenta ingresar a la ciudad, desde las seis de la mañana y hasta las 8.

Resulta que uno de esos que dice “oríllese a la orilla” se pone todos los días en la intersección de Industrias Gala con el Segundo Anillo periférico. En las mañanas las filas que forman estos individuos llegan hasta la Fesitranh, pero lo peor es en la noche, cuando las filas llegan hasta la 105 Brigada, es decir unos diez kilómetros que se deben marchar a “vuelta de rueda”.

Cuando ellos no están el tráfico es fluido en ambas trochas del bulevar, no hay más accidentes de lo usual, todo mundo llega temprano a casa y se ahorra combustible ¿No son capaces de ver el daño que hacen?

Claro que no. Dentro de sus limitadas capacidades les han enseñado a seguir instrucciones, sin pensar, sin analizar. La idea de poner policías de tránsito es para facilitar el tráfico, pero aquí lo complican, haciendo que se vuelva un verdadero desastre ir de un punto a otro en la ciudad.

Este tipo de intervenciones se comparan a las que hace el Estado en la economía, donde por lo general terminan fastidiándolo todo con sus salarios mínimos impuestos a fuerza de ley, sus controles de precios y su afán de supervisión. Está visto que cuanta más libertad hay en una sociedad, mayor es la bonanza de sus ciudadanos.