La verdadera crisis

por el buscador


 

Desde enero de 2010 los hondureños comenzaremos a sentir la verdadera crisis. Una promovida por los mismos de siempre, los que en tiempos electorales se vuelven chineadores de niños caretos, abrazadores de viejitas y estrechadores de manos cayosas.

Sí, los politicos tradicionales, para más señas Porfirio Lobo Sosa, Elvin Santos y sus amiguitos deben estarse frotando las manos pensando que a este gobierno ya solo le faltan 9 meses para que concluya. Luego les llegará el turno a cualquiera de los dos.

Lo malo es que independientemente de quien llegue, el hondureño de a pie (usted y yo) se las va a ver negras. Sosa y Santos (los SS) son representativos de la más recalcitrante oligarquía hondureña.

El primero pasó de dizque comunista a terrateniente y líder del partido conservador. El otro es heredero de una compañía constructora acostumbrada a obtener millonarios contratos del gobierno y medrar a su sombra. Sus amigos son los grandes empresarios, a quienes van a representar cuando asuman el poder y cuyos intereses van a defender.

Los empresarios consideran que el presente gobierno los ha perjudicado con medidas como el aumento del salario mínimo en más de un 60 por ciento. Seguramente los SS ya tienen un plan para revertir esos “daños” al patrimonio de sus amigos.

Una de esas medidas es la devaluación del lempira, la cual viene siendo sugerida por organismos financieros internacionales y es apoyada por los “Chicago Boys” azules cada vez que los entrevistan en las radios, bajo el argumento de que si no tenemos un acuerdo con el Fondo vamos a caer en la peor de las desgracias.

Es de todos conocidos que los grandes empresarios tienen al menos una inversión en exportaciones de bienes. Con la devaluación lograrán recuperar las “pérdidas” que este gobierno les ha causado al tener que pagar sueldos mayores a los que su miseria mental les permite.

Ellos recibirán billetes verdes que al traerlos al país se multiplicarán espectacularmente para pagarnos nuestro flamante salario mínimo, con el que nuevamente sólo podremos comprar lo necesario para no morirnos de hambre.

Lo más triste de todo es que no hay opciones. La izquierda se volvió corrupta y dividida, mientras que los otros enanos se vuelven microscópicos. Pero en todo este barullo debemos seguir buscando, pues tampoco el continuismo es la opción.

Quién sabe y en una de esas encontramos a alguien que sea menos malo.

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