Massimo Parisi, Gas del Caribe y los medios de comunicación

por el buscador


Como periodista activo no puedo estar a favor ni en contra de quienes promueven la remoción de Gas del Caribe de las playas de Omoa. Pero es interesante analizar cómo lo que empezó siendo una pequeña bolita se ha transformado al paso de los años en una avalancha que a ratos parece va a llevarse a la trasnacional mexicana por un despeñadero, aunque después recupere su estabilidad, ayudado no se sabe por qué fuerzas poderosas.

Recuerdo que un día del 2003 estaba en Puerto Cortés cubriendo una audiencia judicial donde se imputaba al entonces alcalde de Omoa, Domingo Menjívar, por haber entregado en dominio pleno un terreno privado a la gasera mexicana, que en aquel entonces era una empresa desconocida pese a tener ya dos décadas de ser el único proveedor de Gas Licuado de Petróleo (LPG) en el país (después ingresaron otras distribuidoras, también mexicanas).

Mientras esperaba a que la juez de turno indagara en su oficina a regidores y al alcalde Menjívar, se me acercó un hombre de acento extraño, que de inmediato reconocí como italiano. Me pidió con aire de gravedad que habláramos en un sitio privado, así que dialogamos dentro del carro en que nuestro equipo periodístico viajaba.

Me contó una historia sobre esta empresa que estaba construyendo unas enormes esferas para almacenar gas, pese a no tener licencia ambiental y a estar causando un severo daño a las playas omoenses, a la laguna de Centeno, en fin, a su desarrollo como entorno turístico. Eso sin contar con que un accidente en la planta pondría en peligro a cientos de familias que habitan en los alrededores.

Al menos eso decía él y la empresa nunca ha dado la cara para desmentirlo.

Si la gasera era desconocida entonces, mucho más lo era este personaje. Las cosas han cambiado ahora y pocos hay en Honduras que no conozcan los nombres de Gas del Caribe y Massimo Parisi.

El convenció a los dos diarios de San Pedro Sula del daño casi inminente de la gasera y así se iniciaron una serie de reportajes que convirtieron a Gas del Caribe en tema de portada durante semanas.

El asunto despertó el interés de todos los medios nacionales y luego ya no éramos dos los periodistas que montábamos guardia en los alrededores de la gasera, sino una legión de gente con cámaras, micrófonos y grabadoras, aunque “unos a la bulla y otros a la cabulla”. La bolita se había agrandado.

De repente, grupos ecologistas, empresarios turísticos  y pobladores de Omoa fueron atraídos al debate y así fue común ver a Parisi junto a personajes como el padre Andrés Tamayo, un reconocido protector de los bosques olanchanos, además de algunos empresarios y otros líderes comunitarios y religiosos. La tenacidad de Parisi lo ha llevado a entrevistarse con fiscales, ministros y hasta con el mismo Presidente Manuel Zelaya Rosales.

Desde aquella primera conversación en el interior de un carro muchas cosas han pasado. El gerente y el contador de Gas del Caribe fueron condenados por cohecho. 

 El proceso del ex alcalde Menjívar, acusado de recibir sobornos de la empresa, sigue en los tribunales, aunque paralizado por un recurso de amparo que parece congelado por una mano poderosa.  

Parisi fue querellado y él querelló a los representantes de la empresa.

Se comprobó que hasta antes de 2003 Gas del Caribe no tenía licencia ambiental y que actualmente opera sin permisos municipales.

La Fiscalía está a la espera de que la municipalidad de Omoa le dé a la empresa un permiso, para requerir a toda la corporación, pues no están facultados para ello, mientras no muestren una licencia ambiental.

Se creó Fundambiente, una organización que según sus dirigentes, aglutina a más de 50 entidades de la sociedad civil, entre asociaciones ecologistas, iglesias, protectores de derechos humanos y otros con el fin de activar para la movilización de Gas del Caribe.

Me cuesta creer que todo esto haya sido promovido por un solo hombre. Massimo Parisi es periodista y sin duda sabe cómo funcionan los resortes de los medios de comunicación. Sin duda que eso ha sido una gran ventaja, aunado a su persistencia y al conocimiento profundo de las leyes hondureñas e internacionales.

Algunos aseguran que el hombre recibe financiamiento de las gaseras que le hacen competencia a Gas del Caribe. Aunque los argumentos con los que él se defiende tienen lógica. “No estoy pidiendo que la empresa se vaya del país. Sólo pido que deje de hacer daño a la Bahía de Omoa. ¿Qué empresa de la competencia financiaría esa campaña? Eso sería una mala inversión”, me dijo la última vez que conversé con él.

Sea como fuere, el caso de Gas del Caribe y Massimo Parisi es digno de estudiar en cualquier escuela de periodismo de Honduras, para encontrar esos detalles de masificación que permitieron a un hombre, solo, emprender una batalla contra una trasnacional sin otra arma que la convicción.

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