¿Porqué no protestan los cubanos?

por el buscador



Hace unos días estuve en Miami. Mientras caminaba por la Collins Avenue rumbo a la playa comenzó a conversar conmigo, con la jovialidad y el bullicio de los caribeños, un anciano con alma de muchacho que resultó llamarse Ramón Carro.

“Extraño apellido el suyo”, le dije.

“Si, es español”, me dijo. “Mi papá se vino de España muy joven y se quedó en Cuba. Yo soy cubano, pero vivo aquí desde el 56”.

Me contó cómo en esos años ansiaba enrolarse con los barbados de Sierra Maestra para ir a echar balas, por lo que su papá optó por sacarlo del caos y enviarlo a Nueva York. Allí, junto a otros cubanos, colectó dinero para mandarlo a quienes suponían serían los libertadores de la Isla.

Después de la toma del poder, en el 59, regresó unos días, y la decepción fue grande. Lo que se esperaba sería un país mejor se había convertido en un infierno donde fusilaban a la gente a diestra y siniestra porque a aquel le habían dicho que este había dicho que su mama había dicho que los revolucionarios eran unos hijos de puta.

Así la cosa, el hombre se regresó para los Estados Unidos, resignado a no volver. Pero lo hizo, y varias veces. “Mira, actualmente si tu vas a un hospital en Cuba no hay medicinas. Tienes que llevar tu propio papel sanitario, tienes que llevar tu ropa y tu comida, y no descuidarte, porque si no, te lo roban”, me dijo el anciano.

Nos sentamos en una banca de cemento, debajo de la sombra de unas palmas en Southbeach. Mientras mis ojos se deslizaban por las curvas de todos los colores y tamaños de las muchachonas en bikini, mi nuevo amigo me contaba que en varias ocasiones, estando en La Habana, se han acercado a él oficiales de la policía para pedirle… un dólar. “Pero eso sí, muy discretamente, porque si no, los matan”, me dijo.

“Y tú crees que en Cuba podríamos hacer esto que estamos haciendo aquí”. (Hablar babosadas a la sombra de una palmera mientras muñequitas de todas dimensiones pasan frente a nosotros). “No podríamos”, afirmó con la certeza que le da su edad y experiencia. “Vendría un agente de la seguridad y nos diría: muévanse o les doy una patada en el culo”.

Pienso todo esto, ya aquí en San Pedro Sula, luego que un grupúsculo de gente irresponsable, se metiera al salón de un hotel a interrumpir una conferencia de prensa que mantenían miembros de la resistencia cubana, es decir de anticastristas, que abogaban porque la Isla no sea readmitida en el seno de la Organización de Estados Americanos.

Los que interrumpieron la reunión son vándalos  con telarañas en la cabeza, gente que la izquierda dejó desperdigada en estos países, soñando con un barco que jamás llegó. Por cierto, ninguno era cubano. Había nicaragüenses, sandinistas, grupos de choque traídos por Daniel Ortega; también salvadoreños y hondureños (los mismos de siempre: profesores y sindicalistas, incapaces de pensar en el bienestar ajeno, pues están demasiado ocupados pensando en el propio).

Pues los indigestos ingresaron al salón gritando “viva Cuba, viva Cuba”. Obvio, no tenían otro argumento más que gritar cosas que no saben. Y yo me sigo preguntando ¿Por qué no había ningún cubano entre el grupo de choque? ¿Por qué ningún cubano que está fuera de la Isla aboga por el respeto al sistema de gobierno que tienen? ¿Por qué la gente arriesga su vida y se marcha en balsas? ¿Será porque están muy bien? Lo dudo mucho.

En Honduras podemos ser pobres, pero tenemos la libertad suficiente para ir a donde nos pega la gana, podemos agarrar un teléfono y llamar a una radio o a un canal de televisión y mentarle la madre al presidente o al alcalde, podemos quedarnos sentados en el parque todo el día y toda la noche sin que a nadie le levante roncha en el culo (excepto al que pase sentado todo ese tiempo).

Pero así como están en Cuba, pobres y sin libertad, están jodidos. Ya quisiera ver a ese montón de pendejitos vivir en las condiciones de abuso y escasez que hay en Cuba.

Tener ganas de mandar al presidente por un tubo y tener que aguantarlo y pensar que cuando ya se va a morir le delega el derecho a mandar a su hermano. No hay derecho.

Señores, dejen de sudar calentura ajena. En lugar de pedir respeto para Cuba deberían pedir que el gobierno de ese país respete a su pueblo y comience a darle todo lo bueno que se merecen.