Entre la tamborada y la bullaranga feminista

por el buscador


Por Jessica Isla 

Escritora y feminista

poetaAyer cumplí años. Y no podía imaginarme, después de la tristeza tan grande que nos dejó el 5 de julio la muerte de Isis Obed Murillo, las lágrimas, la represión, la prepotencia de la derecha de América presente y la mitad de la gente de este país diciendo que no pasa nada, que aquí todo está normal, que el 9 de julio dibujaría una enorme sonrisa en mi cara. 

 

Soñé con el mar y con tambores. Me desperté alegre y cantando sin saber porque. Luego recordé que los sonidos y los colores de mi sueño me eran familiares. ¡Claro! Los tambores de las chicas de feministas en resistencia, unos tambores hechos de latas de leche y adornados con cintas de colores, unos tambores que se oyen desde lejos, en toda la marcha, las chicas vestidas de verde con un lienzo de colores en el pecho, en las cabezas. Esos sonidos me dieron esperanza a pesar de comprender que esto no termina ahorita, que está apenas empezando. Y pensé en mi propia alegría, cuando miro a las chicas, todas en lo que mejor saben hacer: la pintora de mantas con sus manos llenas de colores y su rostro cetrino serio, pero iluminado de repente con una carcajada de fuerza ante un chiste, un comentario. Pienso que es genial que todavía no hayamos perdido la capacidad de reírnos a carcajadas. La cipota del galillo fuerte que no puede hablar por ratos y a quien me imagino haciendo gárgaras de miel con limón para recuperar la voz al día siguiente y poder llegar a tiempo y en forma a su programa de radio,  a su compañera que día con día y convencida de su propia fuerza interior se abre camino apostando por la vida y la luz.

 

La mujer que dio la idea de los tambores, siempre presente con su sonrisa tranquila. Las mariposas de alas fuertes, invisibles en las espaldas, las responsables de los sonidos que parten de estos instrumentos, la amiga-hermana que anda incansable buscando reportajes en medio de la multitud para transmitirlos al mundo. Margarita y Elena dirigiendo las reflexiones, analizando, repensando estrategias. Margarita escribiendo desde la euforia o desde la tristeza, expresando lo que sabe, no se diferencia mucho de sus tías abuelas que tejían incansablemente desde un pueblo cualquiera, cosiendo en la mañana y deshaciendo los bordados en la noche, para volverlos a empezar en las mañanas. Penélopes en resistencia ante la vida.

 

Pienso también en la compañera con nombre de virgen, negociando en los espacios de la resistencia popular, trayéndonos noticias, dándonos insumos para la lucha. La de la vincha café en la cabeza y los ojos verdes enormes, preciosos, que no puede contenerse de gritarles a los abanderados del Gobierno de facto que pasan ¡abajo los golpistas, asesinos! Mientras estamos en medio de un ritual de canalización de energía. A la que baila al son de “Vamos a quemar la conferencia episcopal”, asustando a unas, contagiando a otras. A sus musas en los videos que saca siempre, día con día. Debo decir que a pesar de no estar de acuerdo en muchas cosas, me siento a la par de ella. A la líder reconocida que agarra el megáfono para leer el pronunciamiento de cuatro páginas en medio de un espacio donde todas la escuchamos. A las que van a recoger las firmas de las Naciones Unidas para apoyar nuestras luchas, la del golpe y también, la del golpe a las mujeres, que están atentas ante la amenazas de revertir el decreto de las PAE. A las que pintan las paredes de “Tenemos derecho al aborto” en la puerta de Mater Dei, lo mismo que pintan “Ni golpe de estado, ni golpe de mujer”.  A las que se disfrazan y se colocan las mantas con mensajes de valor y fuerza en las marchas. A las que me hablan por teléfono para decirnos cómo está la cosa, la resistencia desde sus municipios, desde sus departamentos. A las que llevan atrás o adelante el stiker de ¡No al Golpe de Estado” y en letras blancas, pequeñas  “Feministas en resistencia”. A las líderes de las colonias que se han sumado al movimiento, vestidas de colores y coreando: “la gente se pregunta ¿y esas quiénes son? Somos feministas en revolución” . A mi propia hija preguntándome “¿Cuándo puedo ir a la marcha? Explícame que pasa, que no entiendo” y ahí voy, explicándole una y otra vez lo que es un gobierno golpista, me mira y me abraza, mientras me dice: “te quiero y ojalá no recibas una bala perdida”. Un pensamiento bien hondureño pienso yo, bien de mi familia santabarbarense, un pensamiento como la idea de aserenarse, de que dormir mucho es malo y que tirar sal en el suelo y no en el agua, trae mala suerte.

 

En fin, hoy partimos un pastel para tres feministas en resistencia. Y me alegré, me alegré de estar recibiendo las malas noticias con esperanza, de que no nos hayan quitado todavía la capacidad del disfrute, de poder estar resistiendo desde la creatividad y la esperanza. Me alegré por nosotras, porque en esto veo el futuro de nuestro movimiento, nuestro propio futuro.

 

Las cosas, sabemos no pintan bien, pero desde estos ojos cansados, de colores, pero sobre todo lúcidos sabemos bien que ahora la resistencia empieza. Que el lado izquierdo de mi cuerpo empieza a recuperarse, que ahora nosotras somos ese lado izquierdo, junto con muchos/as más.

 

Y mientras debatía con las chicas de los tambores sobre la idea de este texto y si a mí me gustaba “tamboreras” para denominarlas, mientras que ellas decían querer nombrarse “bullaranga”,  decidí que  se van los dos términos, porque nosotras tenemos más de una voz y eso es lo que somos: un conjunto de voces que grita a veces desde la oscuridad, para hacernos oír, a veces con tristeza, pero la mayoría de la veces con fuerza y alegría.  

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