Los hilos que unen los asesinatos de los periodistas

por el buscador


Es cierto que a diario, lamentablemente, matan todo tipo de gente en nuestro país, pero los periodistas somos pocos y la muerte de seis en menos de dos meses resulta, al menos, sospechoso.

Todos los crímenes están unidos por hilos invisibles. Por ejemplo, según testigos, en ninguno de los casos medió disputa verbal, indicativo de que los homicidas iban con el objetivo claro de quitarles la vida a los comunicadores y no de robarlos o simplemente intimidarlos.

En todos los casos, los sicarios fueron contundentes. Con excepción de Carol Cabrera, cuya salvación ha sido cuestionada por más de uno, los homicidas demostraron ser muy hábiles con el manejo de pistolas y fusiles, pues fueron certeros al momento de apuntar y tirar. Conclusión: sabían lo que hacían. Estaban entrenados y conocían de armas.

Los crímenes no se repiten en una misma ciudad. Tegucigalpa, La Ceiba, Tocoa, Juticalpa y San Pedro Sula, como si el propósito fuera sembrar el terror en toda Honduras y dejar por sentado que nadie puede sentirse seguro y escapar a esa fuerza invisible, capaz de controlarlo todo y con recursos ilimitados.

Pero el elemento más preocupante de todos es que las autoridades de Seguridad, tanto el ministro Oscar Álvarez como el viceministro Armando Calidonio insisten en que los homicidios no están conectados, no está el crimen organizado vinculado a ellos ni tampoco una fuerza política (llámese golpistas o Resistencia).

Esa actitud, como de distraer la atención podría estar vinculada con dos hechos: o no saben nada o saben demasiado. Razone usted.

Por otro lado, siguen dando palos de ciego. Primero detienen a un guarda de seguridad que andaba el chip del teléfono de Georgino Orellana (asesinado el 20 de abril).

Para los que alguna vez cubrimos la nota judicial, era obvio que su coartada era demasiado buena como para que un juez lo mantuviera preso: se encontró el chip tirado en la calle. Y seguramente esa es la verdad. Les dije a mis compañeros de trabajo en el periódico que el hombre saldría libre en la audiencia inicial, y así fue.

Luego, el viernes 30 de abril detienen a Jonathan Joseph Cockborn como autor material del homicidio. Llamaron a conferencia de prensa y argumentaron que esta vez sí era inminente el desciframiento del caso e insistieron en que el homicidio no pasó del simple robo como causal.

Sin embargo, el sábado 1 de mayo lo remiten al presidio porteño no por el homicidio del colega Georgino, si no porque tenía cuatro órdenes de captura por otros delitos.

El lunes 3 de mayo el vocero de la Fiscalía, Elvis Guzmán, informa que ese ente no acusará de la muerte de Georgino a Cockborn porque no hay indicio alguno que lo vincule. Tal parece que buscaban a alguien que, tras ser detenido, no pudiera salir de prisión y así aparentar que todo estaba ya resuelto.

Todavía el 3 de mayo el ministro Álvarez felicitó al viceministro Calidonio y a otros altos oficiales por la captura del supuesto homicida. Bueno, nos siguen dando atol con el dedo.