Golpistas reclaman libertad de expresión y derechos humanos

por el buscador


 

Por obra y gracia de quien sabe qué espíritu demoniaco, los miembros de la Unión Cívica Democrática (mejor conocidos como los sinvergüenzas “camisitas blancas” o Unión Cínica Turcocrática, como dice un grafiti en San Pedro Sula) se han convertido en sacros defensores de los derechos humanos y de la libertad de expresión.

Eso debería ser un verdadero milagro si se tratase de defender los derechos del pueblo, pero ahora estos pícaros sacan estos peregrinos argumentos para defender a su ilustrísimo Federico Álvarez, un costarricense al que se le encontraron irregularidades en su naturalización y por lo tanto se procedió a quitarle su documentación como hondureño.

Jimmy Dacaret, Fernando Anduray, Selma Estrada y otra doñita igual de insignificante que los otros, montaron una conferencia de prensa en Tegucigalpa, cubierta por los medios golpistas, donde aseguran que a Federico Álvarez lo quieren callar por la columna que tenía en La Tribuna, donde se dedicaba a defender al golpismo y sus sinvergüenzadas.

Hablan de “la participación ciudadana como un derecho humano fundamental” y que “no se permite ejercitar la libertad de expresión”.

Las preguntas son: ¿por qué no les importó y mas bien instigaban la violación de los derechos humanos del pueblo por parte de sus criados, los militares, durante el golpe de Estado? ¿Por qué promovieron el cierre de emisoras y televisoras que adversaban el golpe de Estado, pero ahora se rasgan las vestiduras porque se cierra una columna que sólo leía el mismo Federico Álvarez y, tal vez, sus amigos los golpistas? ¿Por qué no dudaron en arrebatarle su nacionalización al padre Andrés Tamayo y  lo sacaron del país por promover la justicia y el derecho del pueblo?

Y lo más gracioso que en sus intentos de defensa ponen argumentos estúpidos. Dicen que se merece la nacionalidad porque ha vivido 40 años en Honduras y aquí ha hecho todo lo que tiene. Y entonces, si ha vivido 40 años en Honduras, porqué se quiso naturalizar hasta enero pasado, antes de que el gobierno golpista de Roberto Titereleti saliera del poder.

En esos 40 años hubo unos 11 gobiernos, de todo tipo: militares, golpistas y seudo demócratas, pero todos reconocidos por la comunidad internacional y por el mismo pueblo. Sin embargo, hizo su trámite durante el único gobierno no reconocido por nadie en el mundo, el de Titereleti. Se hizo a la carrera y por eso se hizo mal, pero ahora, con su característica soberbia estos estúpidos quieren que les reconozcan a ese fantoche como hondureño para que siga despotricando contra la democracia.

No sólo está bien que se le haya bloqueado la naturalización, deberían de echarlo, como hicieron con el padre Tamayo, sólo que a este deberían echarlo a patadas.