Luis Chávez: devolvamos al pueblo la esperanza que los políticos nos robaron

por el buscador


Discurso del caricaturista de Diario Tiempo, al recibir el premio del Congreso Nacional

Lógicamente tengo este día razones para agradecerle al Congreso. La primera es haberles dado a mi familia y amigos la alegría y el honor de contar con un miembro galardonado por hacer su trabajo, después de tantos sobresaltos que este servidor les había provocado.

También debo agradecerles a los diputados, dos o tres, que valoraron mis esfuerzos, mi trayectoria profesional y las intenciones de mis caricaturas para con esta sociedad y decidieron premiarme aún y cuando soy premiado casi a diario con el cariño de la mayoría de lectores de Diario Tiempo y el respaldo de una gerencia y dirección periodística que respeta mis puntos de vista.

Las páginas de Diario Tiempo han sido terreno fértil para la libertad de expresión de otros caricaturistas, columnistas y periodistas y es gracias a ellas que he logrado afinar mi voz y mi pluma para dar mis opiniones con la fuerza y la claridad que hoy ostento.

Por esa razón quiero dedicarle este premio a mi familia, motor impulsor de mis anhelos, y especialmente a los periodistas, caricaturistas y columnistas de Diario Tiempo, un diario muchas veces vilipendiado injustamente, por defender irreductiblemente los principios innegociables de la libertad de expresión, la libertad de locomoción, el derecho a la educación, el derecho a la salud y el derecho a la libre determinación de los pueblos en medio de torbellinos políticos inmersos en el relativismo y el acomodamiento postmodernista.

Hace dos años, más allá de Mel y Micheletti, fue un espectáculo curioso, conmovedor y a veces desagradable ver a todos los medios de comunicación desnudarse y exponer al escrutinio general su desnudez, en algunos casos vergonzosa y en casos, como los de este diario, digna.

Fue en este diario donde tuvieron cabida las plumas que justificaron las acciones del 28 de junio a la par de las opiniones editoriales que las condenaron. Se molestaron y nos denigraron los “demócratas” que deseaban ver reflejadas en nuestras páginas las opiniones, las versiones y las consignas de sólo una parte de la historia.

En este diario opinan sin cortapisas Juan Ramón Martínez e Ilsa Díaz Zelaya junto a Roberto Quesada y Pastor Fasquelle. Se les trata igual en Diario Tiempo a Jimmy Dacaret y a Marvin Barahona. Y así ha sido durante cuarenta años, incluidas las temporadas de la Guerra Fría y la reciente como absurda asonada de hace dos años.

Porque el Diario donde me he forjado es liberal de cuerpo completo, pero liberal como Morazán, que trajo una imprenta para producir periódicos e informar al pueblo, no como Micheletti, que cerró radios y televisoras.

Este medio es liberal, del que comprende la importancia de la propiedad privada, la empresa privada y la inversión sin descuidar un ápice la vigilancia y el respeto por los derechos del individuo, su derecho a la salud, a la educación, a una justicia pronta y efectiva y a la oportunidad de forjarse su propio futuro, no como Mel, coqueteando con ideas híbridas y extemporáneas que fracasaron en sociedades más poderosas económica, militar y socialmente que la nuestra.

Mi exhortación a mis colegas, compañeros y amigos es que pasemos de ideologías y resabios y nos unamos en la tarea de devolver la esperanza al pueblo que los políticos nos han robado.

Volvamos al sagrado principio de la educación, volquémonos como en un tsunami a educar a nuestros lectores, oyentes y televidentes, eduquémonos para convertirnos en maestros, ya que muchos que deberían serlo han renunciado a ello, y ya que nuestros gobernantes han olvidado esa responsabilidad; con educación profusa, sostenida y de calidad podremos aspirar a un ciudadano capaz de forjar su propio futuro, lejos de la dádiva y la conmiseración; trascendamos la información, ahora que los tiempos y la tecnología lo exigen, la educación es la llave de nuestra salvación y los periodistas y los medios tenemos las armas para ello.