Juez Ramón Barrios: En Honduras solo se condena a los pobres

por el buscador


Ramón Barrios, juez del Tribunal de Sentencia, atiende sentado en el sillón que normalmente ocupa en la Sala 1, desde donde, acompañado por otros dos jueces, falla a favor o en contra de acusados de distintos delitos por el Ministerio Público.

Con la noticia reciente de su restitución en el cargo, tras haber sido destituido por la Corte Suprema de Justicia luego de declararse en contra del Golpe de Estado de 2009, su rostro revela una mesurada alegría pues la ratificación del despido de tres de sus compañeros jueces y las injusticias propias de un sistema que, según su parecer, criminaliza sólo a los pobres, no son motivos para brindar o para sonreír abiertamente.

La entrevista:

¿Cómo evalúa el sistema penal de Honduras?

El sistema penal en Honduras simplemente está condenando pobres, no me cabe duda de que aquí se criminaliza a la pobreza. Se criminaliza también a la gente que marcha en las calles pidiendo un salario más justo, condiciones de vida más dignas, y se les dice que son vagos. El derecho a la protesta pública es un derecho que está en la Constitución de la República. Esos no son los vagos que dice la Policía Nacional y el Estado de Honduras; esa es la gente excluida socialmente.

¿Qué le provoca estar consciente de eso?

El hecho de estar juzgando pobres en el Tribunal de Sentencia resulta desgastante. Cuando uno visita las cárceles nota que el 99 por ciento de los presos son gente pobre. ¿Es que acaso sólo los pobres delinquen en este país? Pero todos sabemos que nuestro sistema de justicia no es capaz de sentar a personas influyentes, a los grandes potentados, en el banquillo de los acusados.

¿Se ha replanteado alguna vez su condición de abogado o de juez al reflexionar sobre esto?

El lado más oscuro del Estado lo representamos los jueces. Una vez condenamos a un muchacho de 19 años por homicidio y él en algún momento nos preguntó dónde habíamos estado para protegerlo cuando de niño le tocaba cuidar a sus hermanitos en los momentos en que su madre, que era prostituta, tenía relaciones sexuales con sus clientes o cuando uno de estos clientes lo violó. Ahora el Estado lo castigaba por haber matado a una persona pero, ¿qué había hecho antes por él? Muchas veces estos jóvenes no delinquen porque quieren sino porque la vida los ha tratado mal. Hay veces en las que no quiero venir aquí porque me produce un desgaste emocional enorme estar condenando pobres.

¿Cree que Honduras es un Estado de Derecho?

Me parece que Honduras tiene cuentas pendientes para que sea considerado un Estado de Derecho, sobre todo en el aspecto de los Derechos Humanos.

Acaba de conocerse la noticia de que fue usted restituido en su cargo como juez después de su destitución por declararse en contra del Golpe de Estado de 2009.

Y sigo sosteniendo que fue un Golpe de Estado; lo dije en el seno de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras del Valle de Sula, en donde soy precisamente profesor de la asignatura de Derecho Constitucional. La Comisión de la Verdad ya lo dijo, el presidente de la República lo dijo y yo voy a seguir sosteniéndolo. Nunca cometí un delito ni nada por el estilo.

Y sin embargo nunca fue removido del cargo pues para eso era necesario que llegara su sustituto…

Efectivamente. A los otros tres compañeros destituidos el sustituto les llegó al poco tiempo, pero por alguna condición a mí nunca me llegó y seguí durante año y medio haciendo mi labor.

¿Cómo influyó esto en usted?

Me provocó un daño emocional enorme porque cada día por la mañana yo tenía que venir con mi secretaria para preguntarle si había llegado mi sustituto. Fue un daño también para mi familia y fue también un desprestigio porque un sector de la prensa empezó a llamarnos “zelayistas” a los jueces destituidos, cuando yo ni siquiera soy seguidor del ex presidente Zelaya ni pertenezco a ningún partido político. Lo único que dije fue que se le violó el debido proceso a un ciudadano, un ciudadano que se llama Manuel Zelaya y que en aquel momento era el presidente de la República.

¿Qué sensaciones tiene después de esta buena noticia?

Hay una sensación de contradicción de mi parte. Por un lado, alegría, porque me quedo, pero por otra parte estoy triste, porque la suerte de mis tres compañeros no ha sido igual. Ellos tan sólo ejercieron su derecho a la libertad de expresión y los jueces, por ser jueces, no perdemos nuestra condición de ciudadanos. No me parece justo que sólo yo haya sido restituido.

¿Qué posibilidades hay de que sus tres compañeros jueces también sean restituidos en el futuro?

Lamentablemente, y digo lamentablemente porque como hondureño no me alegra que se condene al Estado de Honduras, mis compañeros tendrán que ser también restituidos en sus cargos. Ellos continuarán con la demanda en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en algún momento el Estado deberá aceptar que su destitución, al igual que la mía, fue ilegal.

Anuncios