Con las manos vacías y la cabeza llena

por el buscador


Roberto Quesada

“El ingrediente clave no es el dinero…”, — Joe Biden, vicepresidente de los EEUU, a los representantes del Triángulo Norte de Centro América.

Regresó, literalmente, rojo de la rabia. El hombre estaba muy enojado, le pregunté por qué. Acababa de salir de una reunión en las Naciones Unidas, éramos compañeros de trabajo en la Misión de Honduras. Se trataba del abogado José Antonio Gutiérrez Navas, me invitó a que saliéramos a tomar un café para contarme.
Ese mañana tuvo una reunión con el ministro de relaciones exteriores de España, que se reunió con él y otros representantes centroamericanos. El ministro fue a solicitarles que votaran por España en algo que querían ser electos. El ministro percibió dudas en algunos, entonces fue enfático: “Si no votan por nosotros, inmediatamente les suspendemos la ayuda”. Y fue eso que tenía enojado a Gutiérrez Navas, esa imposición, esa humillación.
Parecido a esto es el reciente caso de los representantes del Triángulo Norte en Washington, en el BID. En el foro el representante de los EEUU, Joe Biden, habló y al concluir se fue sin escuchar a los otros expositores. Es lastimoso, sobre todo, por dos de ellos, ya que obtuvieron legítimamente la presidencia de sus países, a través de los votos, no hubo muertos, y siendo uno de derecha (Otto Pérez Molina, Guatemala), y otro de izquierda (Salvador Sánchez Cerén, El Salvador), debe de respetárseles como presidentes de sus pueblos. Y mínimamente, por protocolo y respeto, el vicepresidente Biden debió quedarse a escucharlos.
El caso del representante de Honduras, Juan Orlando Hernández, es diferente, pues tanto dentro como fuera de Honduras se sabe que está allí a través del fraude y la imposición de los Estados Unidos y la Union Europea (incluso fue asesinado el líder de las motorizadas del Partido Libre, José Antonio Ardón, Emo 2, momentos antes de anunciar el fraude, de esta forma se aterrorizó al pueblo hondureño para que no saliese a protestar a la calles). Esto lo pone, a Hernández, a merced de quienes lo impusieron, pues no puede medio alzar la voz porque inmediatamente le recuerdan que ellos lo tienen allí. Es probable que hasta le sugieran que por qué viaja tan largo a Washington, que se entienda allí en Centro America con el jefe del comando Sur.
Estos tres señores fueron con una propuesta llamada “El Plan de Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte”, que tiene como asunto toral, obtener el apoyo multimillonario de los Estados Unidos. Se habla en principio de dos mil millones de dólares, hasta alcanzar, en cuotas anuales o bienales, 10 mil millones de dólares.
Un sonriente vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, les dijo con claridad meridiana: “ninguna cantidad de asistencia financiera va a resolver este problema. El ingrediente clave no es el dinero, sino la voluntad política para tomar algunas decisiones extremadamente difíciles en esos países (…) hay que avanzar en combatir la corrupción, asegurar que los crímenes se investigan y castigan, que los tribunales sean justos”, (Diario El Mundo, El Salvador, 14/11/2014), y aprovechando que andaban empresarios de los tres países de la Alianza, les aconsejó: “Ustedes empresarios pongan el dinero donde creen que pueden pasar cosas, actúen en concordancia con lo que dicen. Inviertan más en sus propios países, en lugar de enviar el dinero al extranjero”.
Por si fuera poco, les recordó que EE.UU. solicitó hace unos meses al Congreso $300 millones más para Centroamérica, aún no aprobados, y está dispuesto a seguir pidiendo más fondos en el próximo año fiscal.
A buenos entendedores… pocas palabras. Así los señores del Triángulo Norte regresan con las manos vacías, pero eso sí, con la cabeza llena de consejos e ideas, algo es algo.
Nueva York NY 16 Nov. 2014.

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